Recientemente inicié un estudio sobre la capacidad de soñar y el efecto que produce en nuestro día a día.  Para ello le pedí a algunos conocidos, clientes y amigos (¡hasta mi pareja fue parte de él), que durante 12 días me enviaran por medio de redes sociales, móviles etc 3 sueños por día que les gustaría alcanzar.

¡Es sorprendente como estamos perdiendo la capacidad de soñar!

Les pedí que fueran compartiendo también sus sensaciones, y en los primeros días reconocían que era MOLESTO, y que continuaban con el ejercicio por tener un compromiso moral conmigo, lo cual agradezco profundamente.

Los sueños de los primeros días eran generalmente sobre otras personas, o cosas ajenas a ellos. Al cabo del 6º día ya comenzaron a escribir tímidos y discretos sueños personales… ¡al fin!. Descubriendo que ya no sentían esa resistencia del inicio del experimento.

El 35% de los participantes, al finalizar el periodo de «Soñar», ya tenían en mente un sueño en el que deseaban trazar su plan de acción, estaban dispuestos a pasar a la segunda fase. El 40% reconoció haber disfrutado más de esos días y que estaban pensando más en que sueños apuntarían ese día que en el «rescate español» jeje. Y el 25% restante afirmó que no saben si servirá para mejorar sus vidas, pero que en esos días se sintieron más positivos.

¿Recuerdan como empezó el experimento?

Sólo tenían que apuntar 3 sueños por día durante doce días!

¿Qué pasaría si recuperamos la capacidad de soñar los 365 días del año?

¿Y tú, cuanto haces que no sueñas?

Todos nacemos con una motivación intrínseca, con una dignidad y una necesidad de aprender.

Nuestro sistema de management actual lo destruye todo al reemplazarlas por una motivación extrínseca y por el enjuiciamiento continuo de las personas.

Las personas serán más creativas cuando se sientan motivadas principalmente por el interés, la satisfacción y el desafó del propio trabajo y no por las presiones externas.

W. Edwards Deming

Una amiga me decía hace unos días que no lograba encontrar motivación para lograr sus objetivos.

Le dije que me contara qué hacía… y me relató lo siguiente.

Me levanto y escribo mi objetivo del día, hago un poco de ejercicio para sentirme más motivada, y cuando me voy a sentar a hacer mi trabajo nada… la motivación no llega.

Y que haces a continuación? le pregunté.

Pues nada, me frusto mucho al no saber cómo conseguirlo.

¿Qué hubiese pasado, si hubieses continuado con tu trabajo?

Sus ojos se abrieron como plato, parecía no entender la pregunta. Y es que es tan sencillo como eso. Si hubiese continuado su labor aún sin esa sensación de inspiración que ella esperaba, estaría «CREANDO SU MOTIVACIÓN» , cultivándola como a una semilla.

Motivación: motivo + acción